Un terremoto no termina cuando deja de temblar la tierra. Termina, en términos materiales, en la montaña de escombros que quedan después. La evaluación más reciente del gobierno venezolano y el PNUD, anunciada el 17 de julio por el Ministerio de Ecosocialismo, estima 2,1 millones de toneladas de escombros en total. De esa cifra, 1.529.000 toneladas corresponden a estructuras colapsadas de concreto y acero, y 577.000 toneladas a artículos domésticos y pertenencias personales. Esa cifra no es un dato secundario de la tragedia. Es, en gran medida, el proyecto de reconstrucción en sí mismo.
Lo que se haga con esas toneladas, verterlas en cualquier terreno disponible o gestionarlas como recurso, va a determinar si Venezuela reconstruye zonas más resilientes o repite exactamente la misma vulnerabilidad que el sismo acaba de exponer.
El anclaje: reciclar el 60%, no enterrarlo
Frente a las imágenes de ingenieros vertiendo escombros junto al mar en La Guaira por falta de maquinaria adecuada, la Universidad Católica Andrés Bello y el PNUD ya plantearon reciclar cerca del 60% de los escombros generados para reutilizarlos en la propia reconstrucción de la zona. No es una aspiración abstracta de sostenibilidad. Es la diferencia entre convertir cerca de 1,26 millones de toneladas de material en agregado para nuevas construcciones, o convertirlas en un pasivo ambiental permanente en las costas de La Guaira.
La cooperación técnica en esta fase ya es internacional: autoridades venezolanas se reunieron con asesores extranjeros, incluyendo a un alto oficial de las Fuerzas de Defensa de Israel especializado en manejo de escombros post-desastre, para coordinar el programa de remoción. Pero, según reportes de julio, todavía no han trascendido directrices públicas claras sobre cómo se va a ejecutar esa clasificación y reciclaje a la escala que el problema exige.
La propuesta: la economía circular como condición de la reconstrucción, no como su fase final
El error habitual en las reconstrucciones post-desastre es tratar la gestión de escombros como un obstáculo logístico previo a la «verdadera» reconstrucción, en lugar de tratarla como su primera decisión estratégica. Si el 60% del material puede reincorporarse como agregado reciclado, cada decisión sobre dónde y cómo clasificar los escombros hoy determina cuánto habrá que importar o extraer de nuevas canteras mañana, con el costo ambiental y económico que eso implica en un país que ya enfrenta un impacto económico directo cercano al 6% de su PIB.
La condición para que esto funcione es simple de enunciar y difícil de ejecutar sin coordinación: puntos de acopio clasificados por tipo de material, ya, antes de que la urgencia obligue a mezclarlo todo, y un mecanismo de trazabilidad conjunto entre PNUD, UCAB y los equipos de remoción que permita saber cuánto material reciclado efectivamente se reincorpora, no solo cuánto se plantea reciclar.
Lo que se decida en los próximos meses sobre esos escombros, clasificarlos o simplemente moverlos, va a quedar literalmente bajo los cimientos de la próxima Guaira, visible solo el día en que alguien vuelva a excavar.
Si tu organización enfrenta decisiones similares de reconstrucción o gestión de recursos con enfoque de sostenibilidad, conversemos en Consultoría sobre cómo aplicar este tipo de análisis a tu contexto.
Fuentes:
- Ministerio de Ecosocialismo de Venezuela y Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), vía CNN en Español/EFE. (17 de julio de 2026). Los terremotos en Venezuela han dejado más de dos millones de toneladas de escombros.
- Joaquín Benítez, director de Sostenibilidad de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), vía El Nacional / EFE. (julio de 2026). La remoción de escombros después del doble terremoto: el otro gran reto en Venezuela.
- Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). (2026). Venezuela registra pérdidas económicas de USD 6.700 millones por los terremotos, según estimaciones del PNUD.





