Según datos preliminares publicados por la OCDE en abril de 2026, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) de los países miembros del Comité de Asistencia para el Desarrollo (CAD) cayó un 23,1% en términos reales durante 2025. No es una contracción más en una tendencia ya conocida: es la mayor caída anual registrada en toda la historia del sistema. La AOD total quedó en 174.300 millones de dólares, equivalente al 0,26% del INB combinado de los países donantes, retrocediendo a niveles que no se veían desde 2015, el año en que se adoptó la Agenda 2030. Y la OCDE proyecta una caída adicional del 6,9% en 2026, lo que llevaría el sistema a su nivel más bajo desde 2014.
Eso es el dato. Ahora viene lo que el dato no dice solo.
Lo que falla en la lectura habitual de esta crisis
El relato más extendido presenta esto como una tormenta pasajera protagonizada por un solo actor: la decisión de la administración estadounidense de cancelar el 82% de los programas de USAID y recortar su AOD en un 56,9% respecto a 2024. Y no está equivocado: Estados Unidos explicó el 75% de la caída total del sistema, la mayor reducción en volumen por parte de cualquier donante en cualquier año desde que existen registros. Pero quedarse ahí es el error analítico más costoso que puede cometer quien gestiona proyectos de cooperación.
Porque el problema es estructural, no coyuntural. Alemania cayó un 17,4%, Francia un 10,9%, el Reino Unido un 10,8% y Japón un 5,6%. Estos cinco grandes donantes recortaron su AOD simultáneamente por primera vez en la historia del sistema. Y once miembros del CAD anunciaron públicamente recortes para el periodo 2025-2027; en conjunto, representaban casi tres cuartas partes de la AOD total en 2024. La OCDE lo califica sin ambigüedad como «un shock mayor para la cooperación internacional al desarrollo».
El segundo error de lectura es suponer que los recortes afectan por igual a todos los componentes de la AOD. No es así. La AOD bilateral para programas y proyectos de desarrollo cayó un 26,3%, la mayor caída registrada para ese componente, lo que indica que los recortes se extendieron mucho más allá de los elementos variables habituales, como los costes de refugiados en países donantes o la ayuda humanitaria. Las contribuciones básicas al sistema de la ONU cayeron un 27%, también la mayor caída anual registrada para ese componente, con recortes estadounidenses del 87,2% a la ONU. Los donantes no están recortando en los márgenes: están cortando en el núcleo del sistema.
El tercer error, quizás el más grave para quien trabaja en el sector social, es tratar los números agregados como si el impacto fuera homogéneo. No lo es. Los países menos adelantados (PMA) podrían perder entre el 13% y el 25% de su AOD bilateral del CAD, mientras que los países del África Subsahariana podrían perder entre el 16% y el 28% de sus flujos. El sector salud, de lejos el más golpeado: la financiación para salud proyectada para 2026 se situaría hasta un 63% por debajo del pico histórico de 2022, revirtiendo a niveles no vistos desde 2008. En salud reproductiva y VIH/SIDA, los recortes proyectados alcanzan el 54% entre 2024 y 2026. Dentro de ese sector, los países del África Subsahariana que dependen en gran medida de financiación externa para sostener sus sistemas de salud tienen un espacio fiscal limitado para absorber estos recortes.
Y esto ocurre además sobre una tendencia ya negativa. La AOD con objetivos de igualdad de género se redujo un 13% entre 2023 y 2024. La AOD a organizaciones de la sociedad civil cayó un 2,3% en 2024. Esta sería solo la segunda vez en la historia que la AOD cae tres años consecutivos, la primera desde el periodo 1992-1995. El sistema no está atravesando una corrección: está experimentando una ruptura.
Hay un cuarto dato que raramente aparece en los análisis del sector y que cambia completamente el marco de referencia para quien diseña proyectos. Según el informe Global Outlook on Financing for Sustainable Development 2025 de la OCDE, entre 2015 y 2022 las necesidades de financiamiento en países en desarrollo aumentaron un 36%, pero los recursos provistos solo crecieron un 22%. La brecha estructural ya existía antes de 2025. Los recortes de este año no crearon el problema: lo volvieron urgente.
Lo que esto exige en la práctica de gestión de proyectos
Frente a una contracción de esta magnitud, la respuesta técnica tiene que ser proporcional. No basta con ajustar presupuestos: hay que replantear la arquitectura de financiamiento de los proyectos.
El primer imperativo es la diversificación real de fuentes. La OCDE y el PNUD señalan que el blended finance (financiamiento mixto público-privado) se convierte en un instrumento central. La nueva Guía de Finanzas Mixtas del CAD de la OCDE, publicada en septiembre de 2025, busca hacer que estas estructuras sean más escalables, eficaces e impulsadas por impacto, en respuesta directa al Compromiso de Sevilla adoptado en la IV Conferencia Internacional sobre Financiamiento para el Desarrollo. El instrumento existe. El problema, que la OCDE reconoce, es que aún es fragmentado y tiene limitaciones de escala. Usarlo bien requiere capacidad técnica específica: estructuras de riesgo compartido, mecanismos de garantía, criterios de additionality. No es un camino que se improvisa en medio de una crisis de liquidez. Hay que construirlo antes de necesitarlo.
El segundo imperativo es la alineación estratégica con marcos de financiamiento nacionales. Según el PNUD, 90 países usan hoy los Marcos Integrados de Financiamiento Nacional (INFF, por sus siglas en inglés), y las reformas impulsadas a través de ellos ya movilizaron 56.000 millones de dólares en financiamiento nuevo para el desarrollo sostenible, con otros 49.000 millones alineados o con potencial de alinearse. Para un gestor de proyectos, esto no es un dato macroeconómico abstracto: es un mapa de dónde hay palanca real. Alinear la teoría de cambio de un proyecto con las prioridades del INFF del país receptor no es solo una buena práctica de cooperación; en el entorno actual, es lo que diferencia a un proyecto financiable de uno que no lo es.
El tercer imperativo, y el más urgente, es la acción coordinada entre actores. La OCDE, el PNUD y la CEPAL coinciden en el diagnóstico: el aumento de la Cooperación Sur-Sur y Triangular, la movilización de recursos domésticos y la priorización estratégica de los programas de mayor impacto son las únicas vías viables para proteger los avances sociales en los países más vulnerables. Esto tiene una implicación directa para quien gestiona proyectos: los marcos de resultados que siguen midiendo éxito en términos de outputs sin conectar explícitamente con los ODS prioritarios del país receptor, o sin demostrar apalancamiento de recursos adicionales, van a tener dificultades crecientes para sobrevivir en ciclos de negociación de financiamiento.
En el diseño y gestión de proyectos de cooperación, la respuesta correcta a esta crisis pasa por construir estructuras de financiamiento más robustas desde la formulación: diversificar fuentes, integrar herramientas de blended finance donde sean pertinentes, alinear con marcos nacionales y demostrar impacto medible de manera rigurosa. No como ejercicio burocrático, sino como condición de supervivencia institucional. La narrativa de impacto, el MEAL, la rendición de cuentas orientada a resultados: todo eso que antes era «buena práctica» pasa a ser requisito de entrada.
Lo que está en juego más allá del ciclo de proyectos
La OCDE proyecta que la AOD neta podría estar un 10% por debajo de los niveles de 2025 en 2028, con cortes concentrados en los países más pobres del mundo. En el Congo y Uganda, que afrontan un brote activo de ébola en el momento de publicación de los últimos datos, la AOD para salud proyectada cae un 46,6% y un 53,5%, respectivamente. Esos números no representan líneas en una hoja de cálculo: representan sistemas de salud que van a operar sin red de seguridad en el peor momento posible.
La pregunta de fondo que le queda al sector no es técnica. Es política, en el sentido más amplio del término. El sector salud está cayendo a niveles no vistos en casi dos décadas mientras el mundo enfrenta crisis humanitarias superpuestas, tensiones geopolíticas crecientes y una brecha de financiamiento para los ODS que el PNUD estima en 4,3 billones de dólares anuales. La retirada súbita de AOD del sector social es especialmente crítica porque, como señala la propia OCDE, es difícil de reemplazar rápidamente con otras fuentes de financiamiento, especialmente aquellas que son tan flexibles, tan focalizadas y tan centradas en la reducción de la pobreza.
Lo que está en juego no es si el sistema de cooperación sobrevive como estructura institucional. Lo que está en juego es si los avances sociales de la última década se mantienen, o si los próximos años registran retrocesos que tarden otra generación en recuperarse. Ese no es un problema de gestión de proyectos. Es una decisión política colectiva que el sector tiene que influir, no solo acatar.
Si estás gestionando proyectos de cooperación en este contexto y quieres revisar tu estrategia de financiamiento, tu arquitectura de MEAL o tu narrativa de impacto, encontrarás recursos prácticos como el Kit de Transparencia y Rendición de Cuentas en ignaciobriceno.com/recursos. Si el momento pide una conversación directa sobre cómo adaptar la estrategia de tu organización, hablemos en Consultoría.
Fuentes
- OCDE (2026): International aid fell sharply in 2025, says OECD
- OCDE (2026): A historic decline in foreign aid: Preliminary 2025 ODA data
- OCDE (2026): ODA projections for 2026 and the near-term (Policy Brief No. 59)
- OCDE (2026): The latest 2026 ODA projections reveal aid for health is further at risk
- OCDE (2025): Cuts in official development assistance: OECD projections for 2025 and the near term, Policy Brief No. 26
- OCDE (2025): Global Outlook on Financing for Sustainable Development 2025: Towards a More Resilient and Inclusive Architecture
- OCDE (2025): OECD DAC Blended Finance Guidance 2025
- PNUD (2025): Development on the Front Lines
- CEPAL (2025): Latin American and Caribbean Countries Call for Approving a Global Pact for Inclusive Social Development
- PNUD (2026): Integrated National Financing Frameworks





