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Casi 30.000 personas movilizadas. La cooperación sí funciona cuando importa

Equipo de rescate europeo trabajando entre las ruinas del terremoto, ejemplo de cooperación internacional

Venezuela lleva años en aislamiento diplomático. Y aun así, en las horas siguientes al doble terremoto del 24 de junio, más de 27 países habían desplegado equipos de rescate coordinados por la ONU, y organismos que rara vez coordinan con Caracas empezaron a hacerlo sin condicionamientos previos. La política se detuvo el tiempo suficiente para que la ayuda llegara. Eso no es un dato menor: es la prueba de que el sistema humanitario internacional, con todas sus fallas, todavía puede activarse rápido cuando la magnitud del desastre lo exige.

El anclaje: una respuesta que superó las fronteras habituales, y ahora entra en su fase más difícil

OCHA coordinó asistencia de 27 países, con más de 2.200 rescatistas internacionales y 140 perros de búsqueda, además de tres hospitales de campaña de la ONU operando en La Guaira. Esa cifra es distinta, y no contradictoria, de los efectivos nacionales venezolanos (militares, policiales y voluntariado local) movilizados en paralelo, una precisión que vale la pena hacer porque ambos números miden cosas diferentes y suelen mezclarse en la cobertura informativa. El PNUD estima daños físicos directos de 6.700 millones de dólares, entre 4.700 y 8.700 millones según el rango de la evaluación preliminar, equivalentes a cerca del 6% del PIB del país.

Pero la fase de rescate, la más visible y la que concentra la solidaridad internacional, ya terminó. Y ahí es donde el sistema humanitario enfrenta su prueba más exigente, no la más fotogénica: la ONU ya lanzó un llamamiento adicional de 298 millones de dólares para atender a 1,3 millones de personas en los próximos seis meses, una señal clara de que la magnitud de la respuesta necesaria recién se está dimensionando. La cooperación internacional sabe movilizarse en 72 horas. Sabe mucho menos cómo sostenerse durante los años que toma reconstruir un país, cuando las cámaras ya se fueron.

La propuesta: la reconstrucción no tiene que esperar a que exista un plan nacional para empezar

Aquí está la distinción que importa, y que se pierde con facilidad cuando se habla de «ayuda internacional» como si fuera una sola cosa. La acción humanitaria que acabamos de describir (rescate, refugio, agua, alimentación) opera bajo un mandato acotado en el tiempo, pensado para desactivarse cuando la fase aguda se estabiliza. La reconstrucción pertenece a otra lógica, la de la cooperación al desarrollo, que exige apropiación local: un plan formulado y liderado por el propio país. Ese plan, hoy, no existe de forma pública.

Ese vacío es real, y ningún organismo externo lo resuelve por decreto. Pero el sector de cooperación internacional ya tiene mecanismos diseñados precisamente para avanzar en contextos donde la confianza en el aparato estatal central es baja, sin quedar rehén de esa ausencia.

La ejecución directa, en la que organismos como el PNUD administran los fondos y contratan directamente a implementadores (universidades, ONG locales, sociedad civil organizada) en lugar de canalizar el dinero a través del presupuesto estatal, es exactamente el modelo que ya opera de facto con la UCAB en la gestión de escombros. Sumarle salvaguardas fiduciarias (auditorías independientes, cuentas separadas, supervisión de adquisiciones por terceros) y aplicar el principio de localización que ya impulsa el Grand Bargain, dejando que las comunidades y organizaciones locales lideren la reconstrucción con financiamiento y asistencia técnica internacional, permite que el trabajo avance ahora, con controles, sin esperar a un plan nacional cuya llegada nadie puede garantizar en el corto plazo.

El costo de no documentar ese historial no se paga ahora, en plena fase de ejecución directa: se paga el día en que exista un plan nacional y cada organización tenga que reconstruir, de memoria, cómo administró los fondos que ya gastó.

Si tu organización ya opera bajo modalidad de ejecución directa o recibe fondos internacionales de reconstrucción, el Kit de Transparencia y Rendición de Cuentas te da la estructura mínima para documentarlo desde hoy. Y si necesitas diseñar ese sistema a la medida de tu organización, hablemos en Consultoría.

 

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